¿ ES SANO EL DEPORTE COMPETITIVO ?
En un reciente artículo de Le Monde se recogía el hecho de que, tras la Segunda Guerra Mundial, la vida media de un ganador del Tour ha sido de 60 años mientras el francés medio vive 77
Situación contraria a la de los ganadores del certamen ciclista anteriores al año 39, que vivían más de la media.
Sin duda el ciclismo es uno de los deportes en que más se utiliza el dopaje, hasta el punto de que se puede decir sin temor a error que está totalmente generalizado, aunque una pérdida de casi 20 años en la esperanza de vida supera los pronósticos más pesimistas.
El ganador del Tour Laurent Fignon, enfermo de cáncer de páncreas a sus 48 años, acaba de publicar su autobiografía, en la que inevitablemente sale el tema. Positivo dos veces en los controles antidopaje por anfetaminas, confiesa haber recurrido a éstas y a la cortisona y que no haber recurrió a los anabolizantes, a la hormona del crecimiento o a la EPO porque llegaron al final de su carrera, ya que de lo contrario hubiera hecho como todo el mund
DEPORTISTAS PROFESIONALES:
Más allá de la polémica sobre el Olimpismo, la NBA, Boxeo, Ciclismo, entrenadores, Ligas de Fútbol, arbitrajes y fichajes, etc., etc. se encuentra la no menos controvertida situación de los protagonistas: los deportistas.
Según Sébastien Fleuriel y Manuel Schotté, sociólogos del Centro Nacional francés de Investigaciones Científicas (CNRS), "los deportistas viven más la precariedad que los beneficios del éxito deportivo". Ambos investigadores firman Sportifs en danger (Deportistas en peligro), un alegato por el "reconocimiento de los deportistas como trabajadores".
La precaria realidad del profesional del deporte es difícil de percibir. La imagen de los deportistas que difunden y transmiten las instituciones, los Estados, las federaciones deportivas o los medios de comunicación, es fundamentalmente la del deportista de éxito. Sin embargo, a la sombra de los éxitos de Rafael Nadal, la selección española de fútbol o del rendimiento de los candidatos a medalla del equipo olímpico español que acude a Pekín, se encuentra una situación del deportista de alto nivel mucho menos brillante. Esta es la idea que defienden, contra corriente, Sébastien Fleuriel y Manuel Schotté.
"Los deportistas de alto nivel, en general, viven en la precariedad", dicen los autores de Sportifs en danger -Deportistas en peligro-. "Salvo los equivalentes en otros deportes a lo que son Zinédine Zidane para el fútbol o Nadal para el tenis, si uno mira el conjunto de los deportistas, éstos no sacan un gran beneficio de su actividad deportiva",
Para ilustrar esta idea, los sociólogos del CNRS recurren al ejemplo del fútbol británico. Según Fleuriel y Schotté "si sólo tenemos en cuenta las carreras de los grandes deportistas, con 15 años de ejercicio de la profesión y con beneficios de millones de euros; se puede pensar que ser futbolista es algo muy bueno". Sin embargo, señalan los autores de Sportifs en danger, esta es una "conclusión equivocada", porque los "estudios sobre el conjunto de jugadores de fútbol en el Reino Unido muestran que los futbolistas están en peligro cuando no son superestrellas" habida cuenta de que "están lesionados de manera más o menos perpetua". Es decir, que un jugador de fútbol profesional en el Reino Unido, si juega 35 partidos al año, "juega 30 veces con dolores o con alguna lesión menor", precisa Schotté.
El libro se asienta en más de 70 referencias bibliográficas relativas a la situación social de la élite del deporte. Entre ellas se encuentra una investigación de Fleuriel y Schotté sobre la "reconversión" de los atletas franceses que participaron en los Juegos Olímpicos de Munich de 1972 y de Barcelona de 1992. De los 142 entrevistados - protegidos por el anonimato-, "más de un tercio presentan traumatismos o patologías vinculadas a la práctica deportiva de alto nivel"
"La práctica del tiro me ha dejado medio sordo" porque "hacía una media de 60.000 disparos al año",
confiesa un ex tirador olímpico a los autores de Sportifs en danger.
"Estoy en tratamiento diario contra mis dolores de espalda", revela otro deportista olímpico que, tras haber abandonado toda práctica deportiva, asegura: "Me destrozo el estomago con la medicación, pero ésta me permite caminar y ocuparme de mis hijos".
Un tercer caso, entre los que se citan, da cuenta de que el "fin de una carrera" olímpica puede estar marcado "por problemas de anorexia mental a los que se añade la bulimia".
Numerosísimos testimonios ponen en entredicho el concepto, que ha quedado decimonónico, de "olimpismo" que pensara Pierre de Fredi, más conocido como el barón de Coubertin. Para el principal responsable de la aprobación del restablecimiento de los Juegos Olímpicos en 1894 y todos los que han seguido su estela, el olimpismo es (o debiera ser) una "filosofía de vida al servicio del desarrollo armónico del hombre y de la sociedad".
Para los autores de Sportifs en Danger, la amenaza que pesa sobre los deportistas presenta dos dimensiones:
a.-Por un lado, la que corresponde con "la concepción paternalista del deporte" de las federaciones y de los Estados y que impone "las prácticas deportivas sin remuneración".
b.-Por otro lado, el segundo frente que fragiliza al deportista es el que han abierto quienes "promueven un deporte que se vende como un espectáculo fundamentado en la competencia", escriben Fleuriel y Schotté.
Por lo tanto y de forma realista un deportista profesional (aunque en muchos casos se les considere amateur) tiene esos dos hándicaps:
1.-Sufre su salud por estar en competición-espectáculo y tiene que recurrir a “todo” para subir o aguantar.
2.-Y sufre su economía ya que en la mayoría de los casos no es un “trabajador asalariado”.
¿Qué ocurre con miles de ellos cuando su cuerpo no aguanta y les eliminan de la competición o liga?
Por estos y otros motivos, que ya iré escribiendo en mi blog, siempre he sido enemigo del deportista de elite, profesional o de competición. Soy admirador del deportista amateur, del aficionado que hace su ejercicio o entrenamientos con el único fin de sentirse mejor, ponerse en forma y no competir sino con uno mismo.